Crítica AFTERSCHOOL

Estreno en España: 17 Abril 2009

Exhibición en BAFICI (Festival de Cine Independiente de Buenos Aires): 3, 4 y 5 Abril 2009

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Sinopsis

Para la generación de YouTube, ningún suceso adquiere relevancia si no hay pruebas videográficas del mismo. Peleas en los pasillos del colegio, pornografía, ejecuciones… Robert (Ezra Miller) estudia en una elistista escuela de Nueva Inglaterra y cataliza su fascinación por la imagen en la asignatura de vídeo. Durante la realización de uno de sus trabajos, captura, en los pasillos del colegio, la muerte de dos hermanas gemelas por una sobredosis de drogas. Ese trágico suceso sacudirá emocionalmente a toda la escuela. A Robert se le encomienda la tarea de realizar un vídeo como homenaje a las chicas que funcione, también, como terapia colectiva y ayude a toda la comunidad a comprender qué es lo que ha ocurrido. El proceso revelará una atmósfera paranoide que se cuela por todos los rincones.

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Crítica de Cine.com
por Leo Aquiba Senderovsky

La forma en que Afterschool pinta el universo adolescente molesta. Es una imagen dura, terrible, tan sórdida y a la vez tan real, que provoca un escozor propio de los films sobre adolescentes (Elephant, Paranoid Park) de Gus Van Sant. Ambos directores, con dos propuestas visuales absolutamente disímiles, parecen decir lo mismo. El adolescente hoy es víctima de la incomunicación familiar, de la ausencia total de leyes paternas y se encuentra preso en un mundo hostil, completamente falto de cariño y de comprensión. La diferencia principal es que Van Sant se instala entre los adolescentes de sus películas como uno más, recorre junto a ellos los pasillos de las escuelas, y su cámara acompaña el movimiento de los personajes, mientras que en Afterschool, Antonio Campos fragmenta el espacio, recorta al adulto, pone al protagonista adolescente en primer lugar, y al adulto fuera de foco, como habitando un espacio alejado del universo cerrado de los jóvenes en cuestión. A esta puesta en escena rígida, precisa, le suma un contrapunto visual, el empleo de material visual pixelado, propio de los canales de video de internet como Youtube. Los adolescentes de Afterschool no solo cohabitan con la violencia y la ejercen, sino que además viven mirando imágenes tan violentas como cotidianas, y prenden sus cámaras para ejercer la violencia y filmarla. Afterschool comienza con un montaje de filmaciones caseras, desde un gato tocando el piano hasta el ahorcamiento de Saddam Hussein, y termina en una escena pornográfica. La escena porno que aparece no es cualquier escena, es el primer atisbo de ficción en la película (uno de los pocos planos que cuesta discernir entre ficción y documental), pero es a su vez una escena en la que, quien sostiene la cámara, humilla y agrede físicamente a una adolescente. Este plano violento es una de las primeras obsesiones que conocemos de Robert, joven que vive en un colegio secundario pupilo, que por lo general no parece el típico joven problemático, aunque detrás de su tranquilidad se esconde, como las dos caras que presenta el póster, una ira interna, una necesidad de que todo el mundo que lo rodea estalle de una vez por todas. De lo poco que sabemos al comienzo del apocado Robert, sobresale el hecho de que proviene de familia adinerada, como todos sus compañeros, y sus padres lo han abandonado en esa escuela para ocuparse de sus negocios. La conversación telefónica en la que Robert le dice a su madre que no cree ser una buena persona, mientras ella lo manda a hablar con el psicólogo del colegio y con su mejor amigo, para no cargar con otra preocupación, es tan desoladora como lo que le ocurre luego, cuando ve morir de sobredosis a las dos hermanas más populares del colegio, y debe someterse a la hipocresía propia de una institución que esconde los conflictos debajo de la alfombra. Campos encuadra a los jóvenes porque a los adultos mejor no verlos, su accionar sencillamente da vergüenza y espanta. Los padres callan para no asumir culpas, y las autoridades ponen su mejor sonrisa y montan un homenaje, con el fin de evitar las evidentes acusaciones que deberían recaer sobre la institución. Los adultos no están ausentes, pero cuesta encontrarlos en el mismo plano que los jóvenes, su mundo es el de las lustrosas paredes del colegio, mientras que el de los jóvenes es el de las drogas (las ilegales y las suministradas por el colegio mismo), el instintivo despertar sexual, y la destrucción de cualquier espacio privado, mediante el empleo de la cámara digital y la difusión de estos videos por internet. En medio de ese caos, Robert decide hacer su propio homenaje audiovisual de las jóvenes muertas, decide exorcizar la sangrienta imagen de la agonía de estas hermanas con un video de su autoría, un video desprolijo, sucio, ambiguo, lejos de la imagen pulcra y políticamente correcta que pretende plasmar la institución. Un video violento porque presenta la duda en el mundo adulto, los adultos entrevistados parecen no saber qué decir sobre las chicas, y se los ve preparándose para construir a cámara un discurso prolijo y correcto que en el video de Robert nunca llega. Tal vez se le pueda criticar a Afterschool su constante claustrofobia, que rara vez permite que los personajes tengan un momento de respiro, de vitalidad. Pero esta claustrofobia no se acerca al golpe bajo gratuito sino que construye con esas situaciones una imagen terrible del estado de las cosas, con la hipocresía y la violencia plenamente instaladas en una institución escolar, y con los jóvenes como únicas víctimas de ello. La fragmentación y el collage de imágenes que propone Campos quizás vaya más allá que el fluir de los personajes en Van Sant, porque a través del empleo de distintas fuentes visuales permite establecer un mapa de imágenes yuxtapuestas con el estatismo de las instituciones, como si las paredes del colegio estuviesen vacías, y la rigidez de los planos del colegio radicara en paredes rígidas y adultos ausentes o dedicados exclusivamente a honorificar esas paredes, completamente ignorantes de su evidente responsabilidad en la creciente degeneración de los adolescentes que, huérfanos de todo, no encuentran mayor divertimento que acercarse, aunque sea a través de la cámara, a la violencia en su estado puro, como un modo de que esta se vuelva tangible y termine invadiendo el mundo vacio y desesperanzado en el que se encuentran inmersos. Un relato sórdido, inteligente, y fundamentalmente, necesario.

Lo mejor de la película: La forma en que Campos descompone la angustia adolescente, a través de la violencia de las imágenes que los jóvenes toman y observan, en contraste con una institución y un grupo de adultos que origina todo este problema y se lava las manos olímpicamente.

Lo peor de la película: Su claustrofobia tiende al apabullamiento definitivo. Aunque este está totalmente justificado.

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Dirección y guión: Antonio Campos.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 122 min.
Género: Drama.
Elenco: Ezra Miller (Robert), Jeremy White (Dave), Emory Cohen (Trevor), Michael Stuhlbarg (Sr. Burke), Addison Timlin (Amy), Rosemarie DeWitt (Sra. Vogel), Lee Wilkof, Paul Sparks, Bill Raymond, Gary Wilmes (Sr. Virgil), Christopher McCann.
Producción: Josh Mond y Sean Durkin.
Música: Rakotondrabe Gaël.
Fotografía:
Jody Lee Lipes.
Montaje: Antonio Campos.
Diseño de producción: Kris Moran.
Vestuario: Catherine Akana.

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Filmografía de Antonio Campos

# Afterschool (2008)

# The Last 15 (2007)

# Buy It Now (2005)

# Pandora (2002)

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